La justicia humana es inconstante. Lo que hoy se tiene por recto, mañana se juzga por torcido, y lo que unos consideran justo, otros lo tildan de arbitrario… Uno aprende en la Corte que, para llegar arriba, hay que maldecir con quien maldice y rezar con quien reza.
Francisco Peréz de Antón en la contraportada de Los hijos del incienso y de la pólvora.