—Hay una cosa que le envidio —decía—, que sea tan joven. Usted aún no puede saber lo que es un desengaño, lo que es una desilusión. Usted aún ve el mundo lleno de esperanza y de belleza.
Milan Kundera
en El libro de los amores ridículos.
Sí, le daba vergüenza: porque vivir en este mundo tanto tiempo y que a uno le pasen tan pocas cosas es vergonzoso.
Milan Kundera
en El libro de los amores ridículos.
Quería que la viésemos en toda su gloria, partiendo en su hermoso e inmaculado cuerpo a acostarse con la muerte. Quería que, al menos en ese momento esencial, le envidiáramos a la muerte su cuerpo y lo deseáramos para nosotros.
Milan Kundera
en El libro de los amores ridículos.
mis amores (si es que puedo llamarlos así) son el suelo de un escenario sobre el cual no se representa obra alguna
Milan Kundera
en El libro de los amores ridículos.
¿Puedo ser sincero contigo? —Tienes que ser sincero —dijo Alice—. Si no, no tendría sentido que estuviéramos juntos.
Milan Kundera
en El libro de los amores ridículos.
Se desnudaba y no podía desnudarse.
Milan Kundera
en El libro de los amores ridículos.
…De ello se deduce que debería necesariamente aceptarla a ella. Cualquier experto en estadísticas llegaría a esa conclusión. Todos los ordenadores lo determinarían así. Y ya lo ven, quizás es precisamente por eso por lo que no la acepto. Puede que haya pretendido resistirme a la necesidad. Ponerle una zancadilla a la causalidad. Reventar la calculabilidad de la marcha del mundo mediante el capricho de la arbitrariedad.
Milan Kundera
en El libro de los amores ridículos.
..las personas tienen la obligación de saber. Las personas son responsables de su ignorancia
Milan Kundera
en El libro de los amores ridículos.
¿cómo puede uno pretender ser conquistador en un territorio en el que nadie se resiste, donde todo es posible y todo está permitido?
Milan Kundera
en El libro de los amores ridículos.
Las mujeres siempre encuentran muchos más defectos en su propio hombre que en los demás.
Milan Kundera
en El libro de los amores ridículos.